(Por cortesía de Blogger in the Shadow).
Max Brooks es un señor que aparte de ir a los institutos a enseñar como se matan zombis es ampliamente conocido a lo largo y ancho de la red por su gloriosa contribución a nuestra causa en forma de manual de supervivencia en caso de advenimiento zombi (obra que dicho sea de paso Zombi y yo gustamos de regalar a familiares y conocidos en plan “léase esto... puede salvar su vida”). Sin embargo poco o nada se ha hablado de su segundo libro sobre zombis: World War Z.
World War Z (WWZ en adelante) es un libro que supera al anterior, mientras la guía te enseña, te entretiene y te muestra (como el libro de Petete.. pero con zombis), este da miedo. Mucho miedo. De principio os advertimos dos cosas; la primera es que al igual que la guía ni está traducido ni tiene visos de estarlo en breve; la segunda es que a priori algunos encontrarán que no es un libro fácil de leer, está escrito en forma de entrevistas a los supervivientes del Holocausto Zombi que asoló la tierra a principios del siglo XXI. Pero que conste que digo a priori, pues en realidad es uno de los libros mas entretenidos que he leído en mucho tiempo, está narrado de una manera magistral y los testimonios son geniales (además sus “falsas” entrevistas tienen bastante mala leche). Brooks utiliza la realidad geopolítica y humana que configura nuestra era, la analiza y la rescribe pensando cómo afectaría a las personas y al mundo en el que vivimos el Apocalipsis Zombi, usando esas micro historias para acabar contando una visión global del pasado, presente y futuro de una tierra infestada de muertos que caminan.
WWZ recoge los testimonios de los primeros contactos con los infectados, de cómo la epidemia comienza en China y utiliza las vías de la inmigración ilegal y el trafico de órganos para escapar del (inútil) control que intentan imponer las autoridades chinas, de cómo Israel se huele el percal y se somete a una “cuarentena voluntaria” mientras la CIA no se entera de nada hasta que es demasiado tarde; de cómo reacciona la industria farmacéutica a lo que está pasando (intentando sacar tajada del pánico), de la futilidad de los conceptos de guerra moderna frente a una marea de muertos vivientes que avanza sobre tu posición, del canibalismo entre los supervivientes, de la locura colectiva que se apodera de la humanidad, de las primeras comunidades, de los medios, de la religión, de la sucesión de errores que lleva al casi exterminio de la raza humana y, finalmente, los éxitos en la lucha contra los muertos vivientes para recuperar un planeta que ya nunca será el mismo. En resumen, un libro que nos ha encantado, en palabras de Simon Pegg (aka Shaun of the Dead): te hace plantearte si Brooks no sabe algo que los demás desconocemos…
Deciros por último que a estas alturas ya sabréis (y si no, os lo contamos) que la noticia de hace unos meses en todos los foros de zombis era que habían comprado los derechos y que iban a hacer una película. La verdad es que una vez leído el libro uno ve difícil que acaben haciéndola, su misma estructura (sin una trama directa ni protagonistas definidos) seguro que hace difícil de digerir WWZ en los despachos de los productores con lo que dudo que el proyecto acabe llegando a buen puerto (o al menos en la manera en que debiera hacerlo).
Como muestra del tono que impera en el libro me he tomado la libertad de traduciros un pasaje y ponerlo aquí para que veáis de qué va WWZ (espero que la SGAE no nos cierre la página).
Base de la Guardia Nacional de Parnell: Memphis
Gavin Blaire. Pilota uno de los D-17, dirigible de combate de la Guardia Nacional; en la vida civil pilotaba un dirigible de Fujifilm.
Se extendían hasta el horizonte, coches, camiones, autobuses, cualquier cosa que se pudiera conducir, vi tractores y hasta una mezcladora de cemento (…). La gente iba montada encima de cualquier cosa, en los techos, en los huecos para el equipaje, en cualquier sitio; me recordaban a esas fotos de la India donde se ve un tren lleno de gente colgados de cualquier hueco como monos. La carretera estaba flanqueada por todo tipo de basura en los arcenes, cajas, maletas, inclusos muebles (recuerdo que vi hasta un piano), también coches abandonados, algunos desmontados o quemados. Y gente. Multitud de personas caminaban a lo largo de arcén o entre el monumental atasco, algunos golpeaban en los cristales mientras sostenían cosas en las manos que intentaban vender a los ocupantes de los vehículos, e incluso algunas mujeres vendiéndose a si mismas…probablemente por gasolina o tal vez por algún sitio en un coche, cosa que no entiendo por que andando se iba mucho mas rápido.
Continué en dirección inversa al atasco principal, a unos 45 kilómetros el trafico se movía un poco, lo cual lejos de hacerlo todo mas calmado hacía mas caótica la situación con coches dando las luces a los de enfrente, empujando o tocando el claxon, y había gente en los arcenes, tumbados sin moverse apenas o completamente inmóviles. Entonces vi a la gente corriendo, algunos llevaban cosas y niños en brazos, otros solo corrían… y un par de kilómetros después descubrí el porqué.
Esas criaturas estaban entre los coches. Los conductores intentaban abandonar la carretera para acabar atascados en el barro y aquellos que estaban en las vías interiores se encontraron con que los coches estaban tan pegados los unos a los otros que no podían abrir las puertas para escapar. Esas cosas usaban las ventanas abiertas y sacaban a la gente a la fuerza o se metían ellos dentro de los vehículos. Los conductores atrapados cerraron las ventanillas y cerraron los cierres. Nadie podía entrar pero ellos tampoco podían salir. A algunos les entró el pánico y comenzaron a disparar a través de los parabrisas destrozando así la única protección que tenían. Los muy imbéciles. Podían haber logrado aguantar unas pocas horas allí dentro o alguna posibilidad de escapar luego. O si no la había, al menos tenían una opción para matarse rápidamente. Cualquier cosa menos que te pillaran.
La horda continuó entre los coches devorando el camino literalmente, por la carretera atascada mientras todos esos pobres desgraciados intentaban escapar. Y eso era lo peor pues estaban huyendo a ningún lado. Esto era la I-80, un tramo de autopista entre Licoln y North Platte. Ambos lugares estaban infestados de esas cosas, al igual que todos los pueblos entre medias, les vendrían por los dos lados. ¿En qué demonios estaban pensado? ¿Quién organizó este éxodo? ¿Acaso la gente vio una hilera de coches y se iba sumando sin preguntar? Entonces intente imaginarme lo que sea que pasaba allí abajo, lo gritos, los lamentos, los niños llorando los perros ladrando, toda esa gente sabiendo lo que les venía pisando los talones, y esperando, deseando, que alguien, en algún lugar, supiera a donde estaban huyendo…
Me recordaron a esa historia, no sé, tal vez sea una leyenda urbana, de un periodista americano que se plantó ante el quicio de una puerta en Moscú y cuando se quiso dar cuenta tenía cada vez más y más personas plantadas detrás de él formando una cola interminable.